Adriana Cerezo Iglesias colabora con «Nuestro juego cuenta, mejoramos la jugada»

Ayer en el campamento urbano que desarrollamos durante los meses de verano en el proyecto #Atrapasueños: financiado por Fundación «La Caixa»,  el 0,7% del IRPF y Ayuntamiento de Galapagar continuamos dando cobertura a los objetivos de «Nuestro juego cuenta. Mejoramos la jugada» y las niñas, niños y jóvenes que a él acuden pudieron entrevistar a Adriana Cerezo Iglesias, que se conectó a una video llamada desde Francia, lugar en el que se encuentra concentrada con el resto de su equipo y alguna selección europea más. Madrileña, integrante del equipo nacional de taekwondo, que con solo 17 años se convirtió en la ganadora de la primera medalla olímpica (plata) para nuestro país durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Ha sido dos veces campeona de Europa y cuenta con un bronce mundial.  

De entre las respuestas que dio a las preguntas que le hicieron, destacamos: que sus padres tenían muy clara la importancia del deporte en el desarrollo de una vida plena, por lo que desde muy pequeña empezó a practicar diferentes disciplinas, tan pequeña que a los cuatro años, ya se enganchó al taekwondo, ya que habían empezado a gustarle las artes marciales a partir de las películas de Bruce Lee y Jackie Chan que veía con su abuelo. Aunque el taekwondo es un deporte minoritario y lo empezó a practicar con menos niñas que niños en los entrenamientos, nunca ha sentido que ese no era su lugar o que no pudiera hacerlo. El deporte le ha dado un tipo de vida del que ha aprendido mucho, tanto por los lugares que se conocen como por la cantidad de compañeras y compañeros primero y amigas y amigos después con los que se convive. Estos al inicio la apodaban «viejoven» por ser la pequeña del equipo, enseguida le cambiaron el apodo a «Niña Maravillas». Nos explicó que los entrenos de taekwondo se realizan en un par de sesiones al día y cada una de esas sesiones dura de hora y media a dos horas. Ahora que ya ha finalizado sus estudios de Criminalística nos comenta que para ella un día normal es levantarse, practicar meditación, ir al gimnasio donde estira y calienta, hacer una primera sesión de entrenamiento, regresar a casa, trabajo de visualización de vídeos de combates de sus posibles oponentes y volver al gimnasio donde de nuevo estira y calienta para acabar con un nuevo entrenamiento. El peor momento vivido en el deporte lo sufrió a la vuelta de los JJOO de París, donde una lesión la mantuvo en la incertidumbre de si podría volver a competir al nivel que estaba habituada. Otra cosa contra la que ha tenido que «luchar» es contra la frustración de no ganar, sentía que lo había hecho bien solo si se colgaba una medalla.

Su máxima aspiración es el oro olímpico, por lo que ahora siempre visualiza Los Ángeles 2028; para las y los deportistas de deportes minoritarios unos Juegos Olímpicos son lo máximo, pero en estos años ha ido aprendiendo que también hay que disfrutar el camino, por lo que los podios de otras competiciones los valora.